La Flor, por Mariano Llinás La Flor es un complejo narrativo integrado por seis narraciones independientes y sucesivas. El punto de unión entre ellas es que en cada una de dichas historias actúan las mismas cuatro actrices: Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa. El universo de dichas ficciones es radicalmente diferente de un episodio al otro; se busca esa diferencia extrema. Asimismo, los personajes que las cuatro actrices representan en cada uno de dichos relatos aspiran a la misma variedad. Pilar Gamboa puede ser una hechicera en el primero, una cantante pop en el segundo, una espía muda en el tercero, la misma Pilar Gamboa en el cuarto, ser apenas un personaje secundario, casi invisible en el quinto y reaparecer como una cautiva escapada de los toldos en la pampa brava del siglo XIX en el sexto. Lo mismo con las demás. Cada una habrá de saltar de un universo ficcional al otro, como en un baile de máscaras. El objetivo es doble: Por un lado convertir a las actrices en máquinas de narrar; depositar en su cuerpo la obligación y la responsabilidad de dar cuenta de dichas ficciones, y provocar en nosotros, como gorgonas crueles, aquella ‘willing suspension of disbelief’ que tanto desvelaba a Coleridge. Pero además, que el salto de una ficción a otra nos revele, a la larga, los verdaderos rostros de esas mujeres. Así como Manet descubría a su modelo disfrazándola de torero aquí, o desnudándola entre la hierba allá, y esos sucesivos disfraces la revelaban, así La Flor aspira a operar con sus chicas. Que las distintas vicisitudes que atraviesen y que las distintas imágenes que pueblen constituya, finalmente, cuatro retratos.
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